OTRO TESTIMONIO : CANCER DE PECHO

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Laclo Tibato : (24/05/2012)
OTRO TESTIMONIO MUY INTERESANTE corregido por Sandra Garcia 🙂

CÁNCER DEL PECHO

El 28 de noviembre 1989, el cielo me cayó encima, cuando descubrí, acurrucada en el suelo de su cocina, el cuerpo de mi madre, a la que había llevado a casa la noche anterior en buena forma .

Delante esa escena tan inesperada, mi primer instinto fue tomarla en brazos para llevarla a su cama. Al contacto de ese cuerpo, duro, pesado y frío como el marmol, mi propia sangre se heló y todo lo que me rodeaba pareció desaparecer. Me sentí desconectada de la realidad. ¡ Estaba encerrada en una pesadilla!

Aunque seguia ejecutando las cosas de la vida de cotidiana, quedé unos meses sin poder hablar de lo que había vivido en ese momento. Ningún miembro de mi familia pudo ver el cuerpo de mi madre, colocado en un ataúd rápidamente porque la muerte databa de 48 horas. Así que soporté sóla todo este tiempo este profundo sentimiento de un gran desgarro. Mi madre me había sido arrancada.

Cada vez que quería contar la escena, mi garganta se anudaba , tenía las lágrimas en los ojos, estaba bloqueada, hasta no lograba llorar y revivía esta escena atroz noche y día, con el remordimiento de no haber estado allí en el momento crucial de la partida de mi madre… Y luego poco a poco el tiempo hizo su obra, el horror de este recuerdo acabó por difuminarse a fuerza de ser machacado .

Durante todos estos meses en los cuales no existía más, actuaba como un autómata, me miraba sin verme, hasta el día cuando de mi pecho derecho empezó a fluir un líquido moreno, era en diciembre 1990. Un cansancio extremo me aniquilaba. Levantándome por la mañana, me preguntaba cómo llevaría a cabo el día que comenzaba, y si la imagen de mi madre muerta se desvanecia, otra pesadilla se dibujaba, la de no poder hacer frente a la educación de mi hijo que tenía 4 años en ese entonces .

De un temperamento más bien combativo, luché durante años, contra el cansancio, contra los médicos, sus análisis, su ignorancia, su desconcierto delante de esta enfermedad que obviamente no comprendían.

Criada desde mi más tierna infancia de manera sana y natural, sin médicos, sin miedo de la enfermedad, no estaba anclado en mí el mito del “”DOCTOR”” que sabe todo, de la “”CIENCIA”” que puede todo. El adagio familiar era: “” cuando se quiere se puede “”, y de esto jamás dudé. Delante la evolución de este cáncer que poco a poco roía obviamente mi pecho, jamás tuve verdaderamente “”miedo””. Tenía la profunda intuición que yo iba a salir de allí, no sabía cómo, pero era una certeza, y esto me llevó durante esos años de investigación, impidiéndome caer en la desesperación.

Poco a poco conseguí salir a flote, con altibajos. ¡ Atendida por un homeópata qué me daba tratamientos “” naturales! “”, negando operación, prótesis, quimioterapia u otro, asumí este pecho deforme como el estandarte de mi voluntad por curarme.

En 1993, dejé de consultar médicos o terapeutas de todo género. Me enteré de un fascículo “” Génesis del cáncer “”, del Dr. Hamer.

Esto fue como una iluminación delante la lógica de su demostración, que correspondía tan bien a lo que sentía.

Pero abandonada a misma, ignorando que alguien era capaz de dirigirme hacia esta Nueva Medicina, se quedaba en un vago apoyo, una esperanza dormida en mi corazón.

Empezé a creer en mí. Había recobrado alguna forma, pero tenía siempre esta espada de Damocles suspendida por encima de mí. Sentia que podía curar, pero era más una intuición, que una certeza. Tenía todavía muchos momentos de cansancio, borrosos y este pecho “”feo”” que miraba detalladamente cada día por temor a que… Las certezas son a veces efímeras; bastan pocas cosas para recaer en el fondo del hoyo.

En 1995, de vuelta de vacaciones que habían sido deleite para mí, empezé a sentir dolores en las costas y en la columna vertebral. Primero creí que se debia a una maleta demasiado pesada. Poco a poco el dolor empeoraba, acompañado por una falta de aliento que progresaba angustiosamente, de unos ganglios en la base del cuello como huevos de codorniz, y de una bola al pecho izquierdo.

Es entonces que llegó lo que temía por encima de todo. Había que regresar ver a un médico, porque no podía más respirar. Cada escalón me llevaba al borde de la asfixia, sostener una conversación se estaba convirtiendo en una verdadera “”tarea””. Dormía sentada y no podía tragar nada desde semanas, había caído de 56 kg a 48 kg.

La opinión del médico que vi entonces fue de hacerme hacer urgentemente una punción pleural que me permitiría respirar un poco mejor.

Entrada en clínica para una punción, salí con un arsenal de exámenes de todo género y un veredicto: “”ACABADA””. Con unico futuro: quimioterapia paliativa… (Hasta que la muerte sobreviene, esta pequeña frase no es escrita en el papel, pero la leí en los ojos de los médicos y de las enfermeras que había consultado).

Es en aquel momento que se produjo el “”milagro””, encontramos la dirección de la Asociación “” ASAC “” de Chambéry (Francia). Fué Andrée Sixt quien nos contestó al teléfono, y sin haberme visto jamás, simplemente dijo a mi marido: “” según los síntomas que usted me describe, su esposa no se está muriendo sino más bien esta curándose “”.

En seguida salida de la clínica, quise encontrar a Andrée. Llevada por la esperanza. Tan débil como estaba, es acostada en el coche que me llevó a Chambéry, con mi marido.

Andrée nos recibió durante cuatro horas. Juntos pusimos en la mesa todos los conflictos de los que provenían “mis cánceres “”. Todo era tan simple y lógico.

Tenía una sóla cosa que hacer: volver a mi casa y descansar, dejar mi cuerpo hacer el trabajo. ¿ Terapia? Hielo en la cabeza, beber lo menos posible, las cataplasmas de arcilla sobre los huesos dolorosos, relajarse, tener confianza “” ningún pánico “”, dormir bien, comer bien. Había entendido que mi organismo tenía todo para reconstruirse. Son cosas simples que convenían perfectamente a lo que sentía. Salía de la fatídica espiral de la enfermedad y del miedo, de la medicina oficial.

Saliendo de la casa de Andrée, tenía una tonelada menos en los hombros, el futuro volvía a ser sonriente. Yo que prácticamente no me había tragado nada desde hace semanas, tuve ganas de un chucrut enorme de medio litro que fuimos a saborear en Annecy. ¡ Todo pasó bien!!

Debo decir, que seguí las informaciones de Andrée al pie de la letra. Durante un mes, no puse el pie en tierra. Rodeada por cuidados, amor y alegría,me impregné durante horas cuando no podía dormir, de todos los libros del Dr. Hamer que había traído de Chambéry.
Andrée, a la escucha, día y noche,de personas indispuestas, me tranquilizaba cuando un dolor un poco vivo devolvía la angustia, jamás la duda. Sacaba de su formidable conocimiento de la Nueva Medicina, una fuerza que jamás me quitó. Después, jamás dudé porque para mí todo concordaba, “”allí””era la verdad.

El año siguiente de este “”Milagro””, tuve a menudo recidivas óseas: dolor en las costillas y falta de aliento. Lograba más o menos manejar estas crisis pasajeras, pero era fastidioso y agotador por del cansancio que provocaba. Andrée me dejó el tiempo de consolidar mi curación y un día me explicó que la desvalorización venía de estos pechos que me parecian horribles y que escudriñaba cada día. Seria mejor quitarlos en vez de seguir haciendo desvalorización y el conflicto de mancha por el melanoma, porque para mí era insoportable, yo que era una bailarina verme en este estado. Biológicamente, no lo soportaba más.

Este amplio programa me obligaba a regresar a las manos de la medicina oficial.
Tenía que encontrar un cirujano dispuesto a hacer esta gran intervención a mis condiciones, es decir, sin tratamiento adicional, sin disección de ganglios linfáticos sin reconstrucción.

Ahora es cosa hecha, gracias a dos cirujanos que tomaron el tiempo de comprender mi enfoque y aceptarlo. Esto no es tan corriente y de todo corazón a ellos también les digo gracias.

Todo pasó en condiciones que se podrían llamar ideales; un entorno hospitalario humano y competente, una gentileza y una eficacia raras. A pesar de todo, no puedo dejar de lamentar no haber conocido la Nueva Medicina desde el principio de mi enfermedad, porque soy una amputada de la feminidad y es sólo gracias al amor, la comprensión y el apoyo de mi marido que pude pasar este umbral difícil que hubiera podido sumergirme en otro conflicto.

La Nueva Medicina del Dr. Hamer funciona muy bien. Estoy aquí, bien viva hoy en día, entre otros para probarlo. Para sanar, hay que ser lógico. No se puede combinar un poco de la Nueva Medicina con un montón de otras prácticas más o menos marginales, sin abolir la quintaesencia.

Comprendimos esta medicina en la serenidad necesaria para su cumplimiento, el enfermo necesita ser rodeado de la competencia de un médico que conoce bien la Nueva Medicina, un médico lleno de calor humano, de comprensión, de amor, de disponibilidad. Su entorno familiar debe apoyarlo y sostenerlo en su proceso. Todo debe ser organizado a su alrededor para darle calma, confianza, y paciencia. ¡ Debe sentir que cada uno cree en su curación y tiene ganas que se cure!

Tuve esta suerte, también es por eso que estoy aquí. Gracias a los que me quieren y que llevaron una carga muy pesada durante todo este tiempo. Gracias a todos. Gracias querido Dr. Hamer, tenía tantas ganas de encontrarlo para agradecerle por estar viva.

Todos debemos sostener a Andrée y al Dr. Hamer en su lucha, que es exclusivamente para el beneficio de los pacientes. Cuando hemos sufrido, y cuando sufrimos, entendemos la urgencia de la creación de centros de Nueva Medicina. Gracias a la Universidad de Bratislava que nos da mucha esperanza y deseemos que haya pronto un centro de Nueva Medicina en Bratislava y que se crean por todas partes en el mundo.

Catherine R.